Hay sitios en el mundo que para muchos hombres y mujeres son sagrados...
SI TÚ ME DICES VEN

Si tú me dices ven, lo dejo todo...
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo
que tu voz como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo del ser,
levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.
Si tú me dices ven, todo lo dejo...
Llegaré a tu santuario casi viejo,
y al fulgor de la luz crepuscular,
más he de compensarte mi retardo,
difundiéndome ¡Oh Cristo! como un nardo
de perfume sutil, ante tu altar.
Amado Nervo
Adagio -
Uno con Él
Eres uno con Dios, porque le amas,
tu pequeñez ¡qué importa y tu miseria!;
eres uno con Dios, porque le amas.
Le buscaste en los libros,
le buscaste en los templos,
le buscaste en los astros,
y un día el corazón te dijo, trémulo:
"Aquí está", y desde entonces ya sois uno,
ya sois uno los dos, porque le amas.
No podrán separaros
ni el placer de la vida
ni el dolor de la muerte.
En el placer has de mirar su rostro,
en el valor has de mirar su rostro,
en vida y muerte has de mirar su rostro.
"¡Dios!" dirás en los besos,
dirás "Dios" en los cantos,
dirás "Dios" en los ayes.
Y comprendiendo al fin que es ilusorio
todo pecado (como toda vida),
y que nada de Él, puede separarte,
uno con Dios te sentirás por siempre:
uno solo con Dios ¡porque le amas!
Amado Nervo
tu pequeñez ¡qué importa y tu miseria!;
eres uno con Dios, porque le amas.
Le buscaste en los libros,
le buscaste en los templos,
le buscaste en los astros,
y un día el corazón te dijo, trémulo:
"Aquí está", y desde entonces ya sois uno,
ya sois uno los dos, porque le amas.
No podrán separaros
ni el placer de la vida
ni el dolor de la muerte.
En el placer has de mirar su rostro,
en el valor has de mirar su rostro,
en vida y muerte has de mirar su rostro.
"¡Dios!" dirás en los besos,
dirás "Dios" en los cantos,
dirás "Dios" en los ayes.
Y comprendiendo al fin que es ilusorio
todo pecado (como toda vida),
y que nada de Él, puede separarte,
uno con Dios te sentirás por siempre:
uno solo con Dios ¡porque le amas!
Amado Nervo
Nuestro más profundo temor

Nuestro más profundo temor no es que seamos inadecuados.
Nuestro más profundo temor es que somos poderosos mas allá de cualquier medida.
Es nuestra Luz, no nuestra Oscuridad, lo que más nos asusta.
Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, grandioso, talentoso, fabuloso?
De hecho, ¿quién eres para NO serlo?
Tú eres un hijo de Dios. Tu forma apocada de jugar no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en hacerse pequeño para que otra gente en torno tuyo no se sienta insegura.
Nacimos para hacer manifiesta la gloria de Dios que está dentro de nosotros.
No está solamente en algunos de nosotros, sino en todos.
Y conforme dejamos que nuestra propia Luz brille, inconscientemente damos a los demás permiso para hacer lo mismo.
En la medida en que liberamos nuestro propio temor, nuestra presencia automáticamente libera a otros.
Atribuido a Nelson Mandela
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